Las radiaciones azules visibles (azul -violeta) o invisibles (ultravioleta) así como las rojas altas (infrarrojos) emitidas por la luz solar cuando es intensa u otra fuente radiante (lámparas UVA, soldadores, etc.) son nocivas para los ojos.

La radiación ultravioleta (UV) ya sea natural (mar, montaña, nieve, etc.) o producida artificialmente (soldadura de arco eléctrico, rayos UVA, lámparas de xenón, etc.) pueden producir lesiones en la conjuntiva y en la córnea (queratoconjuntivitis actínica) .Cuando la exposición a radiación UV o infrarroja es muy intensa o repetida, puede producir alteraciones en el cristalino en forma de cataratas. En el supuesto de observar eclipses sin protección adecuada u observación directa del sol, están descritas lesiones retinianas (retinopatía solar) que pueden derivar en cicatrices irreversibles con la consiguiente pérdida de visión.

Sin embargo, los rayos UV no son siempre perjudiciales. Toda radiación procedente del sol es necesaria para mantener ciertas funciones de los seres vivos (hormonales, del crecimiento, síntesis de vitaminas, inmunológicas, etc.) pero basta con una exposición de media hora al día.

Las gafas de sol actúan de dos formas. La primera es reflejando las radiaciones indeseables, actuando como un espejo gracias a la aplicación de una serie de capas metálicas sobre la superficie del cristal (oro, plata, platino). La segunda forma de actuar es absorbiendo las radiaciones indeseables; existen a su vez varios subtipos:

  • Lentes isocromáticas: de un solo color permanente. Las que más protección ofrecen son las de color gris, marrón y verde oscuros.
  • Lentes fotocromáticas: alteran el color con la exposición de los rayos UV: Así se oscurecen con la luz del sol y se aclaran en la oscuridad. Su desventaja es que dicho cambio puede tardar algunos minutos.
  • Lentes polarizadas: polarizan la luz en determinadas direcciones reduciendo la reflexión y el deslumbramiento.

Existen varios consejos para el uso de gafas de sol: Tener clara su función de protección del ojo del exceso de luz y de las radiaciones nocivas no visibles, más que tratarse de un artículo de moda. Deben proteger al máximo de la radiación UV, sobre todo en personas que hayan sido operadas de los ojos, hecho que no está relacionado con el grado de oscuridad del cristal. Deben utilizarse filtros de diferente potencia según el uso que se haga de la gafa (caza, esquí, montañismo,…) recordando que un filtro excesivo reduce considerablemente la visión. No deben emplearse para otros fines, tales como observar eclipses, broncearse con rayos UV artificiales, etc. Deben ser de cristal u orgánicas, nunca de simple plástico ya que con el paso del tiempo pueden llegar a deformarse dando lugar a aberraciones ópticas que pueden producir molestias oculares, incluso dolor de cabeza. Aunque en principio no importa el color de los cristales, si hay que considerarlo en personas con trastornos de la visión de los colores ya que pueden empeorar su déficit. Ha de procurarse que entre la montura y el cristal se protejan los ojos en su totalidad, no solamente contra los rayos que puedan llegar frontalmente, sino también con los laterales, evitando las gafas muy pequeñas y las que se distancien en exceso del ojo. Por todos los motivos antes expuestos, es aconsejable adquirirlas siempre en comercios especializados, donde verdaderos profesionales les atenderán y aconsejaran.