La infancia está caracterizada por un rápido desarrollo físico y neurológico del sistema visual. De ahí la importancia de un examen a una edad temprana del niño. Hay que asegurarse que el desarrollo visual se está llevando a cabo de forma correcta. Desafortunadamente el principio de algunas alteraciones visuales ocurre en los 6 primeros años de vida, cuando tienen un impacto considerable. Si no son detectadas y corregidas durante este crítico período, pueden tener graves y permanentes consecuencias.

Una detección y corrección a tiempo son primordiales para eliminar con éxito los efectos fisiológicos negativos sobre el correcto desarrollo a nivel cognoscitivo, emocional y psicosocial del niño.

Como el primer encargado del cuidado de la visión, el optómetra tiene la responsabilidad de seguir el desarrollo normal del sistema visual de estos primeros años. Muchas de las técnicas usadas son las mismas que se usan en forma rutinaria con adultos. Solo deben ser adecuadas en cuanto a las instrucciones, para que sean entendidas por los pequeños. Asimismo existen técnicas específicas para aprovechar las características cognoscitivas y comportamentales del niño.

Cuando se deben realizar los exámenes
A pesar de que no parezca que existen problemas, las edades recomendadas son: a los dos meses, seis meses, 2 años, 5 años. Si los padres observan alguna anormalidad en el comportamiento visual de los ojos del niño, debe ser examinado lo antes posible.

Una vez que nos aseguremos que no existen problemas, el niño debe ser revisado entre los dos años y medio y los tres y medio, justo antes del preescolar y después anualmente.

Es de gran importancia el examen visual durante el período escolar, ya que una deficiencia visual, muy generalmente producirá un bajo rendimiento escolar y problemas de comportamiento, ya que el niño no prestará atención en clases debido a ese problema de visión.